Mi momento de trabajo es mi santuario. Una torre secreta en mi imaginación. Es un lugar de pensamiento y reflexión. A veces se convierte en un trance de acción frenética donde el tiempo corre al ritmo de impacientes pinceladas. Otras veces es un instante de calma que hace posible que se pare el tiempo durante una meticulosa labor de atención al detalle en el espectro en que las emociones llegan a cristalizar.

La observación cercana casi morbosa es la base de mi trabajo. Durante el largo tiempo de concreción del cuadro la experiencia creativa se convierte en un período en el cual el tiempo se detiene mientras estoy sumida en una intenso diálogo con el material y el objeto observado.